Tiempo

single-image

El tiempo, lo más valioso que tenemos y lo que menos valoramos. La vida está hecha de tiempo. El tiempo es oro, nos recuerda un dicho muy popular. Nos recordamos cada día que el tiempo es lo único que pone las cosas en su lugar; tiempo al tiempo, pensamos cuando las cosas no salen de la forma en la que pensamos y queremos que el tiempo lo cambie.

Negamos quedadas con amigos por falta de tiempo, dejamos de hacer cosas porque no tenemos tiempo, aunque esto a veces suene mas a excusa. Creemos que tendremos tiempo, pero el tiempo se acaba. Y no pensamos en que este, nuestro tiempo, es lo mejor que podemos dedicarle a los nuestros, ya que es lo único que damos sin necesidad de tener que recuperar, sin pedir nada a cambio, aunque no recibamos por parte de los demás ese mismo tiempo que les dedicamos. No somos conscientes de nuestro tiempo y mucho menos del valor de éste.

Según el tiempo que dediquemos a luchar por nuestros objetivos conseguiremos unas cosas u otras; según el tiempo que dediquemos a las personas que nos importan las mantendremos con nosotros o no. Todo se basa en el tiempo. Y el tiempo es ahora.

Hay un tiempo para que sucedan las cosas y cosas que suceden con el tiempo. El tiempo es el único que cura las heridas, aunque cuando la herida está en el corazón ni el tiempo logra sanarla.

¿Y por qué os hablo del tiempo?

Simplemente porque tiempo es lo que he dedicado siempre a luchar por mis sueños. Tiempo y sacrificio, pero sobre todo tiempo. Tiempo fuera de casa, lejos de mi familia y amigos, lejos de mi pareja, tiempo dedicado a estudios; pero nunca tiempo perdido, siempre tiempo aprendido.

Tiempo disfrutado, sufrido, con días buenos y con días malos, pero sobre todo tiempo vivido. Porque lo que hace de la vida un camino es el tiempo. Y yo soy feliz con el camino labrado, mi camino, el que yo, en su tiempo, decidí que quería seguir.

Aunque no siempre ha sido así; en muchas ocasiones te planteas todo y piensas que estas perdiendo el tiempo; porque a veces las cosas no salen como planeas, la vida te pone en situaciones inesperadas a las que tiene que dar solución sin ni siquiera saber como hacerlo. Pero hoy puedo decir que ha merecido la pena y que mi tiempo me ha servido.

Os hablo de tiempo porque es lo que me gusta gastar con mis amigos y lo que deseo tener para mi familia; tiempo que me gusta exprimir con mi pareja, porque la distancia nos obliga a eso.

Si cada día que pasa sumamos el tiempo perdido quizás nos daríamos cuenta de que es incluso mayor al vivido.

Hay un cuento que forma parte de uno de mis libros favoritos, “Cuentos para pensar” de Jorge Bucay, que habla muy bien sobre este tema.

Os dejo mi cuento favorito, y de ahora en adelante seguro que también vuestro.

EL BUSCADOR

“Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador… Un buscador es alguien que busca, no necesariamente es alguien que encuentra.

Tampoco esa alguien que, necesariamente, sabe lo qué es lo que está buscando, es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

…Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción…:

Abedul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses, y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido apenas sobrepasaba 11 años… Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

– No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?!!! El anciano sonrió y dijo:

– Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…

Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado… a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media?…

Y después… la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana?… ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo…?

¿y el casamiento de los amigos…?

¿y el viaje más deseado…?

¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?

¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…

¿horas?, ¿días?…

Así… vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque Ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO.”

Que quede claro que hay que saltar, bailar, reír, llorar, disfrutar, comer, beber, brindar, amar, querer y sobre todo vivir, porque el tiempo es hoy y se acaba.

El tiempo es el alma del mundo, no lo desperdicies.

Eme.Ele

1 Comment
  1. Miguel 2 años ago
    Reply

    Ooooh que waay, no me lo esperaba jaaja

Leave a Comment

Your email address will not be published.

You may like