Sonrisas

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Ha llegado la hora.

Solo se escucha el murmullo de la gente que espera impaciente que empiece el espectáculo. El sol se encarga de la iluminación natural, reflejándose en cada una de las sonrisas que hoy ponen sus miradas ante mí.

Mis ojos pueden diferenciar un semicírculo de pequeños seres que no dejan de mirarme de arriba a abajo. Estos seres son muy exigentes y mi objetivo principal consiste en llenar sus caras de felicidad.

Los años de dedicación son muchos, tantos que me he aficionado a viajar y vivir de mis acrobacias, pero es inevitable que los nervios se apoderen de mi cuerpo. Mis pies tiemblan en el primero de mis saltos, aunque finalmente consigo mantenerme en equilibrio.

Las cuerdas queman algunas partes de mi cuerpo y mis manos están llenas de callosidades que no terminan de sanar.

Pero todo esto pasajero y la gran satisfacción que siento cuando termino de actuar supera cada uno de los dolores que repasa mi cuerpo.

Esas pequeñas miradas, esos pequeños seres brincando de felicidad, bailando con sus manos entrelazadas los unos con los otros; gracias a ellos todo mi mundo tiene sentido.

Así es la cultura callejera, llena de sabiduría y de bonitas emociones ligadas a miradas cristalinas; llena de felicidad y de momentos únicos que reunidos forman un bonito recuerdo en nuestra memoria; pero sobre todo llena de sonrisas, música y buenas personas.

Eme.Ele

1 Comment
  1. Antonia Silva Gomez 3 años ago
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    Como tu dices “Así es la cultura callejera”, y que no nos falte nunca.

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